
Una afición muy habitual de adolescentes que todavía se mantiene, ir a pescar al puerto, en el lugar más insospechado, en la "
llotja", o tal vez en el distribuidor de carburante, donde un
catamarán de bandera francesa, patroneado sabiamente por un marino sudamericano carga sus baterías, con un guiño al
gasolinero, que le desenchufará el cargador de baterías cuando acabe su jornada laboral. No es que sea muy ortodoxo atracar junto a la gasolinera, pero en este puerto todavía son tolerantes a los barcos transeúntes que como el nuestro atracan de paso, para hacer noche y cenar allí.





Pequeños detalles sin importancia, pero citados en cualquier literatura de náutica: todo debidamente puesto "a son de mar", término que nunca utilizo pero que define muy bien como deben ir las cosas en un barco,
adujadas, ordenadas, debidamente amarradas, fuere por una rabiza, un
cabito o una cincha por si una ola te pone la barca de gorro, no perderlo todo o poder retomar la navegación y el gobierno en la mejor de las circunstancias que el momento permita.

Visión del "
traveling", tipo de
grua que permite
izar embarcaciones de cierto tonelaje.

La embarcación izada es una barca de "arrastre" muy típica de nuestras aguas (es como la de la película "la tormenta perfecta". Esa esa! esa en la que acaban todos en el fondo del mar...

El casco es de metal, aunque el aparejo es de bergantín, con velas cuadras...

No dejo de pensar en los dibujos de
Hergé...

o tal vez en aquellos dibujos de
Hugo Prat, artista veneciano afincado durante un tiempo en Buenos Aires...